La ignorada Suprema Corte de Justicia de la Nación

Por defectos de nuestro sistema político, la figura del Presidente de la República es una de las más significativas en la conciencia colectiva. Los aciertos o hierros del Presidente son de interés nacional y la sociedad mexicana sigue atenta la agenda del titular en turno del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos Mexicanos olvidando otras instituciones tan relevantes como el Presidente en la vida nacional. Digo que éste es un defecto de nuestro sistema político porque aunque revisten de la misma importancia, como parte esencial de la configuración del Estado Mexicano, el Poder Legislativo y el Poder Judicial escapan a esta constante atención de la sociedad y, por tanto, al escrutinio público y rendición de cuentas.

 

De nuestro Poder Legislativo hay poco que decir, además de lo que ya se dice, como de su obesa composición cargada de representación plurinominal que no ha demostrado ser un modelo de efectiva representación ciudadana, además de ser una pesada carga presupuestal y un espacio controlado por los Partidos Políticos, anulando su eficacia en la supervisión del ejercicio del gasto y la actividad legislativa.

 

Sin embargo, del que nunca o casi nunca se habla es del Poder Judicial, órgano del Estado Mexicano encargado de defender el orden establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y resolver asuntos de gran importancia para la sociedad por su impacto en las relaciones entre el Estado Mexicano y la sociedad. Este Poder, fundamental para el equilibrio del poder público, goza de una falta de atención por parte de la sociedad que, asume erróneamente ser ajena de los decisiones de los once ministros que componen su instancia máxima, la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

Esta falta de conciencia en la sociedad, ha permitido que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como máximo tribunal de justicia de México, atraiga para sí asuntos de alto contenido ideológico como la despenalización del aborto, la legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo o la despenalización de la producción y consumo de la mariguana para fines lúdicos. El interés de la Corte en estos temas pareciera más bien inducido por una agenda ideológica que avanza en México sin contratiempos: la Ideología de Género.

 

Mientras que estos temas, a su paso por el Poder Legislativo han encontrado un rechazo mayoritario de los representantes populares y no han podido librar, en favor de su causa, los debates parlamentarios, en la Corte, compuesta por apenas once mexicanos, han encontrado la complaciente ruta de la imposición arbitraria a todos los mexicanos, rehuyendo el debate y ateniéndose a argumentos ideológicos, primitivos y hasta ridículos, como decir que la procreación no es una finalidad del matrimonio o validar que un no nacido pueda ser asesinado en el vientre de su madre antes de las doce semanas de gestación, la pregunta es: ¿por qué doce y no once o trece? ¿qué criterio justifica asesinar a una persona antes de que cumpla las trece semanas de vida? De ese tamaño es el problema con este “supremo” Tribunal.

 

Hace unas semanas un grupo de ciudadanos mexicanos, inconformes con los resoluciones ideológicas en que ha fundado sus sentencia, solicitaron a la Suprema Corte un debate público y abierto sobre los temas de interés nacional en los que la Corte ha impuesto su criterio de forma definitiva. La respuesta no ha llegado y parece nunca llegará porque los Ministros no están dispuestos a someter al escrutinio público sus resoluciones. A principios de diciembre de este año iniciará el proceso de remplazo de dos de los once Ministros. La tercia propuesta por el Presidente Enrique Peña Nieto ha resultado tan deficiente que los legisladores han evidenciado públicamente algunos candidatos por su falta de rigor técnico en sus posturas, emitidas en las comparecencias de presentación.

 

Estas graves deficiencias nos obligan prestar mayor atención a lo que ocurre en el máximo tribunal de justicia del país donde once mexicanos están decidiendo el futuro de México y de sus familias, instalando una agenda importada expresamente para destruir la familia y la institución del matrimonio. Si no exigimos una acción responsable de estos Ministros y dejamos que sigan en su programa, no habrá reversa a las decisiones en perjuicio de nuestra sociedad.

 

Por cierto que los mexicanos que solicitaron diálogo abierto a la Corte están promoviendo una iniciativa popular para reformar el artículo cuarto de la Constitución a favor de la familia y el matrimonio, tú puedes sumarte a esta iniciativa, encuentra mayor información en http://www.confamilia.org.mx

 

Paco Sánchez

@pacosanchezja

pacosanchezja@outlook.com

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