La política es secundaria, la acción social es importante y urgente

AccionSocial

Desde que una de las Salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación señaló que las legislaciones locales que especifican que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer son contrarias a la Constitución, ha caído un torrente de argumentos en pro y en contra de la resolución. Lo he leído todo, desde la reflexión profunda e informada hasta la más burda y simplona posición. Todo era un debate local hasta que la decisión del máximo Tribunal de los Estados Unidos legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo su país, ahí vino la euforia global, el éxtasis por los supuestos derechos conquistados, el abrazo de las masas a la igualdad y la libertad.

Hoy no quiero participar del debate, hay grandes reflexiones al respecto que he compartido en redes porque me parecen argumentos contundentes. Lo que he venido haciendo es una reflexión sobre lo que pasa con quienes creemos que el matrimonio es una institución natural, milenaria, necesaria para la sociedad y, por tanto, el Estado debe tutelarla.

Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Hay lecciones en nuestra historia que no debemos desdeñar y epopeyas que han dinamitado tiranías, imposiciones o revoluciones. Hace un siglo se promulgaron en Jalisco legislaciones contrarias a los derechos humanos, la sociedad respondió a la impostura y, con el tiempo, se reconoció la inutilidad de la legislación para el bien común. Entonces, hubo quien diagnosticó las causas del éxito en los promotores de la legislación injusta y proyectó hacia el futuro un programa que consiguió cierto éxito. Por las enormes similitudes entre aquellos visionarios y nuestra situación vale la pena rescatar aquellas ideas:

“Pues tenemos que convenir en que uno de los grandes errores en que incurrimos consiste, por una parte en no darle ninguna o darle muy poca importancia a la organización y, por otra parte, conformarnos con que las organizaciones que llegaban a tomar cuerpo en la vida real tuvieran un programa político. Las consecuencias de estos errores muy pronto se dejaron sentir y es preciso que convengamos en que una de las causas principales de que se nos haya cargado de ignominia y de que no hayamos podido resistir la Revolución se encuentra en el hecho, innegable y conocido por todos, de que el huracán nos sorprendió desorganizados.

                  Éramos entonces, por el aislamiento, por la falta de contacto y de la trabazón de intereses y de fuerzas externas, un puñado de granos de arena que no se conocían entre sí ni se habían unido para hacerle frente y por eso cuando se desencadeno la tempestad se nos escarneció, se nos hirió brutalmente… por espacio de un siglo hemos vivido bajo el prejuicio de que nuestras enfermedades nacionales arrancan exclusivamente de nuestras dolencias políticas.

                  Hasta las últimas fechas se ha comenzado a percibir lo que ha empezado a ser para muchos espíritus orientación segura y cierta de resurgimiento y armonía social… ese pensamiento es la afirmación categórica de que nuestros males son de índole profundamente social…

                  No se pretende ni se quiere relegar la política al olvido, sino que se le quiere dar la importancia que de suyo tiene y que en los tiempos que corren es secundaria dado el hecho innegable de que el desquiciamiento que hemos padecido es abiertamente social, nadie abandonará las urnas electorales ni se echará en brazos de la inercia… y mientras los ciudadanos luchan cuerpo a cuerpo en las campañas electorales, por todas partes se deja sentir la preocupación de conocer los problemas sociales, de encontrar su solución y de rehacer nuestra sociedad desorganizada y dormida.

                  Se sabe que es necesario reconstruir totalmente al hombre interior y al hombre exterior y que, éste, aparte de ser ciudadano debe ser una verdadera unidad social y que para esto urge que las energías de la sociedad vuelvan al cauce del orden y que el talento, la riqueza, la propiedad y el poder sean fuente rica e inagotable de luz, de justicia y de bienestar para todos.”

La Cuestión Religiosa en Jalisco, Anacleto González Flores

 

Lo que estamos presenciando es una revolución cultural que busca modificar los fundamentos de nuestra civilización bajo un espejismo que llaman progreso y nueva ética global. Es, como diría un buen amigo, la consumación de la estrategia “gramsciana”: cultivar las ideas revolucionarias en el seno de la sociedad, ya no por la vía política o violenta sino, por el asalto a los espacios donde se crea cultura. Todo esto ha deteriorado al “hombre interior” y sus efectos se hacen sentir en el “hombre exterior” el social.

Por tanto, se requiere de nosotros mayor acción social. Pero ojo, lo político es secundario, no es, de ninguna manera, prescindible. No significa abandonar la política, los partidos, lo electoral, pero hemos de urgir la acción social.

Comprometerse con la Acción Social en dos frentes, el del desarrollo humano integral que comprende la justicia, la solidaridad, el buen gobierno, la paz y seguridad, la salud, el hambre, el medio ambiente y otras carencias propias del hombre de nuestros tiempos. Y por otro lado,  la batalla ineludible en lo Cultural, estar en los nuevos Areópagos: en los medios de comunicación, el internet, la academia, la ciencia, la educación, las artes, todas ellas abandonadas a fuerza de apatía e incompetencia.

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