¿Por qué me entusiasma la decisión de Joaquín Rivera de participar en la elección por Guadalajara?

Foto: La Jornada Jalisco
Foto: La Jornada Jalisco

Estos días de elecciones donde las campañas políticas se convierten en el pan de todos los días, es necesario detenernos a reflexionar sobre el delicado e irrenunciable deber de ejercer el voto. La gran preocupación para muchos de nosotros, ante la inconsistencia de las ofertas partidistas y el pragmatismo que rige la dinámica electorera, ha sido la disyuntiva entre el llamado “voto útil” o el “voto en conciencia”.

Una de las respuestas que encontré y que personalmente mejor recibí fue: “Entre el practicismo y el voto en conciencia, está claro hacia donde nos tenemos que inclinar, hacia el voto en conciencia”.

En Jalisco el PAN ha dejado de ser una opción consistente para muchos ciudadanos que creemos en la dignidad de la persona y en la familia, institución fundamental de la vida social. Su pragmatismo, sus grupos en pugna y su alejamiento consciente y premeditado de la agenda en favor del derecho a la vida, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad religiosa o el derecho de los padres a educar a sus hijos, hacen que muchos ciudadanos, decepcionados por la tibieza y concesiones de Acción Nacional en temas que nos importan mucho porque son fundamentales en la vida política y social, dejemos de ver a Acción Nacional como la alternativa para sentirnos íntegramente representados, al menos hoy, en 2015, Acción Nacional para muchos de nosotros se ha desdibujado y no podemos seguir confiando la representación ante su desprecio por lo que consideramos fundamental.

Pero ahí es donde el problema comienza, el PRI no es, por mucho, opción para nosotros. Sigue siendo un núcleo político que surgió para nuestra desgracia y no se avizora en el horizonte alguna diferencia. En el PRI se han preocupado, desde el primer día en que regresaron al poder, por restaurar un régimen político que no queremos, que nuestros padres y abuelos lucharon por desterrar, que es fruto de la ignominia y que no conviene a México. De más está el abundar en los por qué no.

Y luego, ahí está el vertedero de escombro político sin consistencia más grande de Jalisco, el Movimiento Ciudadano. Un partido engaña bobos en el que ya no se sabe si es la ignorancia o la deshonestidad , o la suma de las dos, lo que ha permitido que se convierta en una alternativa al PRI gobierno, siendo en su origen, un partido político con ADN priísta, con líderes priístas y donde el “Maximato” restaurado ahora en Alfarismo encontró un trono al salir de la tumba. Es un partido que se autodefine como socialdemócrata, que promueve la ideología de género, pro abortero y antireligioso. Aunque se desvivan por esconder su programa, es la casa que recibió al genocida que impulsó la despenalización del aborto en México, Marcelo Ebrard, y le ofreció fueros políticos para que (si es necesario) burle la justicia ante la corrupción evidente en la construcción de la Linea 12 del metro del Distrito Federal. En resumen, esta cloaca política proabortera, hija de la inquisición rosa, enemiga de la libertad religiosa, no es, en conciencia, una opción para nosotros que creemos en la familia, en el respeto a la vida y la dignidad de las personas, en la política honesta, etc.

De ese crecimiento que aparenta Movimiento Ciudadano, ante el desplome del PAN, surge en muchos la equivocada esperanza de que Alfaro y sus huestes significan el mal menor para Jalisco. Si Alfaro y sus legiones ganan la elección en 2015 el mapa político de Jalisco se transforma –dicen-, a fuerza de contrapesos en la capital y el Congreso que detendrían la restauración del régimen priista. Esto en parte es cierto, habría un mapa político equilibrado en 2015, pero vendrá 2018 y otra vez los riesgos de que una fuerza política se consolide y construya un nuevo cacicazgo. Bastaron dos meses de precampaña para darnos cuenta de que Alfaro es un ególatra que decide solo, que no hay quizá un demagogo más grande en Jalisco que Enrique Alfaro. Lo han dicho sus antiguos colaboradores en Movimiento Ciudadano, a quienes desplazó para colocar a sus amigos y a los compromisos que adquirió entre panistas y priístas que saltaron de barcos hundiéndose hacia el arca de la ignominia de Enrique Alfaro. Así paso también con numerosos actores del interior de Jalisco a quienes Hugo Luna, Enrique Ibarra y Enrique Alfaro desplazaron porque se negaron a aportar dinero y someterse incondicionalmente al único proyecto que importa en ese partido, el de Enrique Alfaro.

El espejito del contrapeso político con miras a 2018 encandila, y al mismo tiempo ilumina, en medio de tinieblas, el engaño del “voto útil” contra el PRI. Es cierto que los gobiernos del PRI han fracasado y no se ve hasta cuando van a dejar de hundir al país. Pero Alfaro no es un fuerza que garantice que nuestra democracia sea mejor. Por el contrario, si Alfaro se fortalece estaríamos viendo resucitar a la lógica que dominó la política jalisciense en los años setenta, el Sanedrín filio comunista como contrapeso  del PRI. Alfaro no es una garantía para ganar equilibrios, es simplemente otro camino a la demagogia, con menos arrugas, con otro discurso, pero igual de tiránico y ambicioso.

Además, la consolidación de Movimiento Ciudadano como segunda o primera fuerza política en 2015 dejaría una gran parte del pastel en manos de una clase política que no se ha preocupado más que por conservar sus privilegios. Nuestra realidad política se entendería en dos polos que, al ser hermanos, se atraen: PRI y MC. Es decir, el voto útil que promete contrapesos en realidad no servirá para curar nuestra vida política del cáncer enquistado en la clase política tradicional, es una aspirina que no alcanza ni para aliviar el dolor. Es una lógica cortoplacista que con el tiempo reciclara políticos pragmáticos, insípidos, acomodaticios y sin compromiso con las causas que nos importan a todos y cada uno, una especie de pimpón del poder entre la clase política que se anida en el PRI y MC. El PAN, al parecer, seguirá apostando al jugoso banquete que les ha significado a algunos la “administración de la derrota”, aunque puede en el mediano plazo recomponer su identidad, se ve difícil.

Para muchos, las olas que vienen con fuerza en 2015 son verdaderos tsunamis y aseguran que no subirnos en esta ola nos dejaría fuera del tablero. Es cierto, subirnos en la ola del 2015, la del juego de los punteros, del voto útil, de la democracia de los números parece un acto de inteligencia y astucia. Sin embargo, esa inteligencia aparente, en realidad significa una derrota para la democracia y los demócratas. Sujeta nuestra voluntad a una lógica de números, a los intereses de otros, porque en atención a la utilidad del voto desechamos nuestros principios, nuestros intereses, nuestras preocupaciones y la posibilidad, por mínima que sea, de una real y plena representación de nuestras convicciones. Nos conformamos con nuestra derrota para que triunfe un mal que consideramos menor, pero que no deja de ser mal. El problema de esta justificante actitud del mal menor es que se convierte en un ciclo interminable de apuestas perenes por los males menores, nunca aspira a la posibilidad de construir el bien mayor sino que se consuela con el mal, menor o mayor, el mal.

Mi conclusión es que el voto útil es la falacia de los falsos demócratas, o como diría Miguel Gómez Loza, es el pasto de rufianes. Las oportunidades para el llamado voto práctico, útil o pragmático se han malgastado y la utilidad del voto práctico se ha puesto en duda. Creo que es tiempo de dar paso a nuestra conciencia, de valorar lo que realmente nos importa, de hacer sentir, por débil que parezca, cuál es nuestra expectativa de un político y de un partido. De privilegiar nuestra visión de México, los valores que compartimos y los sueños de un mejor México sin subordinarlos al juego de las posibilidades ajenas y extrañas, a veces opuestas a nosotros.

Sé que un voto en conciencia significa paciencia, esperanza y un mayor empeño. Que las posibilidades de triunfo son limitadas en lo inmediato pero que pueden ir en ascenso si nuestro caminar es firme y consecuente con la mirada fija en un mañana mejor. Esto obliga a modificar el criterio y a privilegiar la compatibilidad de nuestro pensamiento, nuestras convicciones y la visión del México que queremos con nuevos candidatos y partidos. Nos implica dejar que la lógica de las posibilidades se vaya a otra parte temporalmente, hasta que con empeño y constancia renovemos de poco en poco a la clase política por una nueva camada de líderes que mejor nos represente, nos respete y nos resuelva el México que tanto nos duele. De poco en poco, el voto en conciencia será más útil y práctico a este país lacerado porque irá desplazando el pragmatismo que devora nuestra dignidad.

La democracia de los números, de las posibilidades será en adelante una derrota permanente para la familia y la vida. Los que creemos en los No Negociables vamos a navegar contra corriente, así nos tardemos años en llegar a la primer playa, si nosotros no tomamos el timón y decidimos seguir navegando en otros barcos que no van si quiera cerca de lo que nosotros queremos, nuestros hijos van a llorar nuestro timorato consuelo de haber conseguido el mal menor. Siendo así, pongamos manos a la obra y construyamos las primeras balsas para luego ir consiguiendo botes robustos hasta, si Dios así lo quiere, ir surcando las corrientes en grandes navíos que hagan posible un día llegar a nuestro destino.

Habrá quien decida quedarse a parchar barcos grandes con objeto de tomar un día el timón y devolverlos en la ruta anhelada, ojalá así sea. Lo importante es comenzar a navegar en la dirección anhelada, aún cuando fuera en balsas, para que, si un día aparecen esos barcos en rumbo cierto, tengamos la experiencia de haber surcado esos mares en medio de duros peligros y, siendo capitanes de nuestros propios navíos, tengamos el valor para liderar a flotas enteras por grandes travesías en pro del bien mayor.

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