México es el nombre de una esperanza humana

Imagen

Últimamente se ha despertado en mí la curiosidad por entender que está pasando con México, por qué no le alcanzan las ganas para salir del atolladero. Por qué si sus tesoros espirituales son tan vastos que casi se desbordan y no existe otra nación en la que se manifestó con más fuerza la tierna generosidad del Salvador, seguimos sin darle esperanza a los nuestros.

No sólo son sus políticos, porque sin importar el color, siguen sin vencer, todos, las tentaciones del poder. No sólo son sus delincuentes, porque aunque más violentos que nunca, su seducción siempre la ha padecido México. No lo es sólo su burocracia, porque nunca ha sido capaz de estar al servicio del pueblo antes que al de sus verdaderos amos, los políticos. No son sólo sus hombres de negocios, porque aunque hoy nos dolemos de tener al más rico entre todos, a los dueños del dinero siempre les ha dolido compartir y generar riquezas. No son sólo ellos, somos todos.

México es, aunque no nos alcance la vida para creerlo, una nación bendita y escogida de la mano de Dios. No somos el resultado de un proceso de conquista material, militar, ni siquiera imperial. Somos el resultado de una conquista espiritual, una que se consolidó con la aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe al indígena San Juan Diego. Ella vino a conquistar para su hijo el alma misma de México y de los mexicanos.

El Beato Juan Pablo II lo dice con absoluta claridad en su visita a Veracruz en 1990, “Y esta realidad vuestra ha sido escogida por el Señor, para hacer de vosotros “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo de su propiedad, en una palabra, os ha escogido para ser un pueblo cristiano”. No lo he dicho yo, lo dice un Papa, y tuvo que ser tan explícito porque luego de que en su primera visita a México nos confirmara nuestra vocación en tres sencillas palabras “México Siempre Fiel”, no le escuchamos, no le entendimos, no lo aceptamos.

Lo irónico de todo esto es que los mexicanos seguimos desparramando la energía en busca de las grandes aspiraciones. Como lo dice Agustín Basave “Hemos pretendido inútilmente realizar por métodos acristianos los ideales y programas que sembraron los frailes evangelizadores y civilizadores con su generosa agricultura cristiana”. Para Basave, el proyecto oficial en este país, a veces respaldado por católicos, ha buscado realizar el bien común, en su acepción más cristiana, pero sin nombrar a Cristo. Y en esa negación de Cristo, como el apóstol entre los curiosos del Calvario, México sigue escabulléndose para escapar a su destino.

El mexicano extraordinario José Vasconcelos lo consignó un día:

“El cristianismo liberta y engendra vida, porque contiene la revelación universal, no nacional; por eso tuvieron que rechazarlo los judíos, que no se decidieron a comulgar con gentiles. Pero la América es la Patria de la gentilidad, la verdadera tierra de promisión cristiana. Si nuestra raza se muestra indigna de este suelo consagrado, si llega a faltarle el amor, se verá suplantada por pueblos más capaces de realizar la misión fatal de aquellas tierras; la misión de servir de asiento a una humanidad hecha de todas las naciones y de todas las estirpes.”

Por otra parte, volviendo a Basave, éste decía que “Las reservas espirituales de México, si se saben emplear, pueden ser una fuerza apreciable en el mundo de nuestros días… México jugará una importantísima carta en el próximo juego de la historia”.

Parece que lo que está pasando con nuestra patria es que sigue extraviada, escabulléndose, negándose, rindiéndose, nadie quiere asumir la fatalidad a la que hemos sido llamados desde lo alto. Este México padece hoy de cobardía, de terror a la grandeza de su destino, de impericia en los que lo advierten, de dolor en los que lo esperan.

Ojalá Nuestro Señor sea paciente con México, le de las fuerzas, lo impulse con misericordia hacia el cumplimiento de su destino, que no es otro, que el de ser esperanza presente para el mundo. Ese México de esperanza verá nacer la luz que supere las fronteras cuando el aborto, ese oscuro sacrificio, sea desterrado una vez más de estas tierras y, entonces, la espiritualidad mexicana irradie en torno a sí una era más humana.

Qué nuestro corazón sea siempre fiel. Y vuelvo a Basave:

“La empresa de fidelidad a nuestro modo de ser es un hermoso riesgo. Y el futuro es de quienes asumen su destino y saben esperar”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Create a website or blog at WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: