Alfaro: el priísta que dice “va a detener al PRI”… jajajajaja

Foto: marcatextos.com
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En los últimos días, hemos visto que Enrique Alfaro viene haciendo un llamado al voto útil contra el PRI en Jalisco. Su campaña se ha centrado en ofertarlo como la única opción viable para detener el avance del candidato del PRI Aristóteles Sandoval. Ésta campaña va dirigida a ganar indecisos por un lado, pero por otro, a debilitar a Fernando Guzmán, el aspirante panista.

Decían en mi rancho algo que para entender esta apuesta “alfarista” tiene sentido: “perro no come perro”. Desde que Calles concibió al PRI como un partido-estado en el siglo pasado, aceptó el modelo que Lenin y Nath Roy diseñaron como una especie de socialismo para países subdesarrollados, una visión un tanto blochevique para países como México que denominaron “Nacionalismo Revolucionario”. Éste contemplaba un sistema político dominando en sus tres pilares fundamentales (sistema electoral, sistema de partidos y el sistema de gobierno) por un partido hegemónico y un jefe máximo (el presidente en turno) que departiera el poder de manera que todas las expresiones leales a este partido estuvieran satisfechas.

Con Lázaro Cárdenas se terminaron de establecer las “reglas no escritas” de este sistema, se coorporativizaron e ideologizaron todos los sectores, gremios y estratos sociales, se les afilió al PRI y se establecieron los mecanismos para “dar juego” a todos en el priiato. La oposición organizó también sus propios frentes, algunos de ellos con éxito: el PAN, la COPARMEX y la Unión Nacional Sinarquista.

El PRI fue constituido con diversas expresiones políticas, con diversas posiciones ideológicas cada una, con liderazgos no siempre afines entre ellos, pero que si se mantenían leales al sistema y cumplían sus reglas, al final tendrían su rebanada de pastel. Alfaro y Aristóteles nacieron, crecieron y se desarrollaron en la cuna de éstas expresiones priístas, seguramente se han disputado el poder antes y seguramente se aliaron en otras, pero de lo que no hay duda es que si Alfaro dice querer sacar al PRI, es porque el PRI de Aristóteles no es el suyo y entonces ha llegado el momento de que su PRI, el que comparte con Salvador Caro, Garaíz e Ibarra Pedroza, retorne al poder.

Es absurdo siquiera decir que Alfaro “va a detener al PRI”, él mismo ha declarado recientemente que “siente cariño” por el PRI, que no es malo ser priísta sino ser ratero, el partido que hoy lo postura fue fundado por priístas desplazados y sus principales aliados son en su mayoría priístas que dejaron al PRI de Aristóteles para darles batalla desde otro partido formado por ex priístas, ex panistas, ex perredistas y ex todo.

Alfaro tiene en su círculo más cercano tres orígenes:

  • PRI, los de origen priísta liderados por Ibarra Pedroza y en la que se agrupan Salvador Caro, Alberto Uribe, Ismael del Toro y el mismo Alfaro, que siempre conformaron un grupo compacto en el PRI y que a partir de que fueron desplazados por Arturo Zamora en el 2006, se aliaron al PRD y a la corriente ex priísta que hoy encabeza López Obrador.
  • LA PEPENA, los saldos que recogió de los políticos que perdieron las elecciones internas de candidatos en el PAN, PRI, PRD y PVEM sus partidos de origen, y que conforman un grupo de políticos revanchistas que no fueron capaces de aceptar resultados desfavorables y que ahora buscan revancha, lo cierto es que se originaron de la derrota en sus partidos de origen.
  • SUS AMIGOS, desde hace tiempo, Alfaro, Casteñeda, Hugo Luna y otros tantos de su generación, con un fuerte vínculo al ITESO, conformaron un grupo político que se dispersó en todos los partidos del estado y en instituciones públicas como el IEPCJ (instituto electoral), el ITEI (instituto de transparencia) y la cátedra en el ITESO y la UdeG con objeto de constituir una fuerza política silenciosa pero efectiva. Cercanos a estos permanecen Héctor Raúl Solís Gadea (funcionario de la UdeG) y Estaban Garaíz (líder de Alianza Ciudadana).

La intención de Alfaro no es realmente la de detener al PRI que amenaza con llegar al poder en Jalisco, es la de hacer difícil y no entregar sin condiciones el estado, al proyecto que impulsan Aristóteles Sandoval y Arturo Zamora que marginó desde hace más de seis años al núcleo priísta que lideraba Enrique Ibarra Pedroza y en el que compartían Caro, Alfaro, Del Toro, Uribe y otros que perseveraron dentro del PRI. Sin contrapesos, Zamora y Aristóteles los borrarían del mapa político.

Por otro lado, Alfaro ofreció revancha a los políticos que recogió en su PEPENA en otros partidos políticos como el PAN, PRI, PRD y PVEM para agruparlos en el PMC. Ésta revancha tiene que ver con la propia, la lógica es simple: los enemigos de su enemigo son sus amigos. No existe un proyecto político específico con principios en común, lo que hay en común es la búsqueda de venganza.

Y finalmente, para cerrar la pinza, desde hace tiempo que Alfaro y sus amigos buscan convertirse en un factor de poder en el estado, desde que conformaron ese “pacto generacional” se han ido apoyando de manera disimulada para colocar fichas en todos los partidos y en todos los rincones de poder en Jalisco. Con Esteban Garáiz como el que encabeza este esfuerzo, de manera paralela impulsan una agrupación política “Alianza Ciudadana” que más tarde que temprano formalizarán en un partido político donde terminen reagrupándose todos los “júniors”, “itesianos” y amigos que conforman el círculo alfarista. Así se entiende el arribo de Augusto Valencia, el apoyo discreto de David Gómez Álvarez, Tomás Figueroa, “El Negro” Bernal y otros jóvenes políticos que han tomado parte de los asuntos públicos en el estado, con perfiles tan parecidos como sospechosos.

En fin, en el fondo de Alfaro existe el priísta que quiere ver derrotados a aquellos que los desplazaron del poder. Pero también, entienden que en ésta coyuntura política en Jalisco los ha puesto en una seria disyuntiva, o hacer fracasar a Aristóteles o debilitar al PAN y colocarse como segunda fuerza, particularmente destruir al grupo que respalda al ex Secretario General de Gobierno Fernando Guzmán, saben que su proyecto Alianza Ciudadana todavía está madurando y de querer correr sin aprender a caminar podrían comprometer todo el plan, pero también saben que asestar al PAN y Guzmán un golpe de este tamaño los dejaría en condiciones de acelerar su acceso al poder. Difícil dilucidar cuál será su decisión.

Alfaro y sus aliados no son necesariamente promotores de un nuevo sistema político con características de justicia, verdad, democracia y libertad. Han sido personajes que se mantienen a flote y vigentes en la política local pero sin imprimirle un rumbo específico. Han venido pactando con Herbert Taylor del PAN, con Raúl Padilla (aunque después lo traicionaron y hoy lo agarran de costal), con Dante Delgado, con López Obrador y con todos aquellos que les den vigencia en la política local. El avance de estos priístas con afán de venganza sería abrir no solamente la puerta sino las ventanas, todas, a la regresión autoritaria.

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