Enrique Alfaro, nuestro “pejesito”

Terminaba la semana pasada con una jugada mediática en la que Enrique Alfaro, el candidato de las izquierdas, rompía de manera escandalosa con el PRD. El anuncio era una estrategia mediática que fue sofocada por el viernes de narcobloqueos en la zona metropolitana de Guadalajara. El berrinche de Alfaro, que no alcanzó para grandes encabezados mediáticos, tiene una sencilla explicación, el acuerdo con el grupo UdeG fue tan forzado que era previsible que no llegaría vivo a la campaña por la gubernatura.

Si una vez  Alfaro y Padilla rompieron acuerdos, era previsible que lo harían de nuevo. La desconfianza era más fuerte y entonces, lógicamente, cualquier movimiento en falso rompería el contrato. Así paso, Alfaro se empecinó en promover candidaturas que no estaban concensadas con el PRD, que además, las propuestas alfaristas de candidatos para Zapopan y Guadalajara, tienen de izquierdistas lo que Alfaro tiene de “candidato ciudadano”, nada. Alfaro buscó madrugar al Grupo UdeG promoviendo al empresario Pablo Lemus como candidato a Zapopan (habíamos dicho ya de la alianza de algunos pocos empresarios con Alfaro) y al ex panista, ex alcalde y ex todo, Fernando Garza para Guadalajara. Este madruguete terminó por romper los delgados hilos con los que se amarró el acuerdo.

Los pasos de Alfaro en su proyecto político se parecen tanto a los del Andrés Manuel López Obrador que parece ser un “pejesito”. Si, algo así como “octagoncito” o “mascarita sagrada”, es un remedo del tabasqueño que repite su guión al pie de la letra. Punto y coma son seguidos con precisión. López Obrador amagó al PRD con irse por la libre con los Partidos Del Trabajo y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) si le negaban la candidatura a la Presidencia de la República en 2012. El PRD simuló una encuesta para legitimar la designación y el desplazamiento del otro fuerte aspirante del perredismo, Marcelo Ebrad. En Jalisco, Alfaro amagó también, la diferencia es que aquí la dirigencia estatal del PRD exigió el cumplimiento de los acuerdos pasados y se fajó los pantalones ante las presiones que Alfaro hacía a través López Obrador. Todo parece indicar que cuando menos en Jalisco, el caprichito del “pejesito” lo convertirá en candidato de partidos de izquierda chiquititos.

La estrategia de Alfaro era desligarse de la desgastada imagen de Raúl Padilla y su PRD. Sabe que es un cartucho quemado en la política local, con una mayor estructura y recursos que los de los partidos que aún lo postulan, pero más rentable electoralmente es renegar de un autoritario como Padilla. Sin embargo, ésta dinámica en el fondo es una gran incongruencia. Alfaro ha demeritado a los partidos políticos, los ha ninguneado, los ha tratado como un lastre “necesario” del sistema político, ha querido venderse como un “candidato ciudadano”, ha devaluado la institucionalidad con objeto de sacar raja política para su proyecto personal. Pero con todo esto, su candidatura daría la posibilidad al Partido del Trabajo y a Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) de mantener su registro y sobrevivir al proceso electoral 2012. Estos dos partidos políticos representan las sanguijuelas que siguen chupando dinero y prerrogativas de los partidos grandes. Nunca han presentado propuestas serias de gobierno, no recuerdo candidatos con posibilidades reales de hacer valer su liderazgo en una contienda electoral. en cambio, las cuotas que reciben de las alianzas las usan para mantener en el presupuesto a sus cúpulas. No van de manera frontal a una campaña porque saben que en realidad no representan a nada o a nadie.

El narcisismo de Alfaro tiene de fondo una grave incongruencia, denuncia un sistema de partidos inoperante y rebasado pero apadrina a dos, a los que utiliza a placer, que no han hecho la más mínima aportación a una reforma política, que nunca han generado arraigo en la sociedad mexicana y que en la apuesta de la construcción de un nuevo sistema político son un lastre todavía muy pesado como para seguir manteniéndolos. No fue gratuita la reciente solicitud de la politóloga Denise Dresser de no dar un solo voto a estos “partidos chiquitos” con objeto de que desaparezcan del mapa político en México.

Este remedo de López Obrador está revolviendo cada vez más el agua con la que se da baños de pureza. Su parecido con el candidato de la “república amorosa” le resta credibilidad. Si en 2009, su impulsividad lo llevó a amenazar la integridad de un periodista incómodo, hoy le puede costar la seriedad a un proyecto político que se pierde en valentonadas innecesarias que asoman el rostro de la incongruencia. Alfaro se parece tanto a aquel que se plantó en Reforma que no me sorprende que en una de esas la Calzada Independencia tendrá muchos toldos y unos poquitos revoltosos. 

Ser candidato del Partido del Trabajo y de Movimiento Ciudadano lo convierte en automático en el candidato de las minorías, del proletariado o de ¿qué?. Eso va a obligar a Alfaro a radicalizar más su discurso para mantener y motivar a los pocos simpatizantes de estos partidos y lo puede alejar de los indecisos que eran su gran mercado. Tiene ahora una difícil disyuntiva, ir sin el PRD, su estructura, su dinero y quedarse con los migajas de los partiditos que lo cobijan para que no se les vaya el registro o aceptar que a pesar de Padilla, el PRD sigue siendo el papá de las izquierdas en Jalisco.

Creo que en ambos casos, el “pejesito” se metió en un laberinto sin salida. La imagen del Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano es anacrónica, contrasta feamente con su pirata mercadotécnica política de última generación. Su golpe mediático para sacudirse a Padilla no tuvo mayor impacto y terminó siendo una treta política que le está desgastando sin obtener un poco de capital electoral. Volver a traicionar a Padilla sin la complicidad de los medios no fue una buena idea, y no es que los medios no querían hacerle el juego, es que a los medios y a todos, nos ganó la preocupación por la rabiosa reacción de la delincuencia organizada en Guadalajara. 

En fín, conforme avanza esta campaña se da uno cuenta de que por un lado “copetín” y por el otro “pejesito” mantienen la oferta de la regresión cada vez mas abierta. No le pidamos peras al olmo pues.

 

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